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En la mente de quienes creen en lo paranormal

por Javier Salas

Tener tendencia a encontrar patrones en lo aleatorio, mayor ilusión de causa-efecto y un razonamiento más intuitivo son los principales mecanismos psicológicos de este tipo de pensamiento

Lo “paranormal” generalmente se refiere a fenómenos como las apariciones, la clarividencia y otros comportamientos que contradicen los principios básicos de la comprensión científica. Aunque existe la percepción de que estos fantasmas aparecen más en épocas de crisis como la actual, lo cierto es que debe existir un caldo de cultivo en la psicología humana que permita que afloren. Hace 20 años, el CIS preguntó a los españoles y el 20% aseguraba creer en los espíritus y el 9% en la videncia. En un momento en que despuntan las teorías de la conspiración y otras explicaciones irracionales, entender la mente de quienes confían en lo paranormal puede ser el primer peldaño para desenredar esa madeja.

Para tratar de acotar el asunto, un equipo de investigadores británicos ha revisado los 71 estudios científicos que se han publicado en las últimas tres décadas con la idea de encontrar patrones robustos que expliquen cómo piensan. Entre todos esos trabajos, que se preguntan por factores tan dispares como la educación, la inteligencia o la percepción, hay pocas coincidencias, según el estudio que se publica en PLOS ONE. Pero asoman tres conclusiones que permiten entender mejor por qué hay quien ve un borrón en una foto y considera que puede ser el tatarabuelo manifestándose.

Uno de los rasgos que define a estas personas es que se les da peor percibir lo aleatorio: es decir, tienen una mayor tendencia a observar patrones donde solo hay unos puntos colocados al azar, a ver una cara donde solo hay unas sombras. “Los resultados muestran una mayor consistencia cuando las tareas de toma de decisiones perceptuales involucran la identificación de un rostro, y los creyentes cometen significativamente más identificaciones erróneas y falsos positivos que los escépticos”, concluye el estudio. Este factor se explica solo: si ante un estímulo ambiguo creemos observar algo concreto y definido como una cara, es más fácil que aparezcan fenómenos inexplicables en nuestro entorno.

“Nuestro cerebro está siempre intentando conectar causa y efecto o está intentando siempre buscar explicaciones y atribuir significado a cosas que no lo tienen”Susana Martínez-Conde, Universidad del Estado de Nueva York

La neurocientífica Susana Martínez-Conde ve claro el mecanismo que lo explica: “Nuestro cerebro está siempre intentando conectar causa y efecto o está intentando siempre buscar explicaciones y atribuir significado a cosas que no lo tienen”. “Gran parte de la información que nos rodea es aleatoria, caótica, desordenada y nuestro cerebro intenta imponer un orden. Eso nos ha servido de mucho a lo largo de la evolución, pero claro, también podemos conectar causas y efectos de manera incorrecta”, explica. Esto genera tanto supersticiones como pensamientos paranormales, según Martínez-Conde, o incluso las ilusiones que experimentamos cada vez que vamos a un espectáculo de magia y vemos que el mago hace un gesto con la varita y desaparece el conejo.

Al revisar los estudios, los investigadores de la Universidad de Hertfordshire, con Charlotte Dean a la cabeza, descubrieron que esta creencia en lo paranormal también se da más entre quienes saltan directamente a las conclusiones, aunque falten muchos datos para corroborar una posibilidad. En estos casos habría una tendencia natural más acentuada a confirmar o rechazar una opción sin estudiar otras alternativas. Por ejemplo, si el mentalista levita, es porque tiene poderes.

La catedrática de Psicología Helena Matute ha estudiado este fenómeno con su grupo y también observaron este mecanismo. Por ejemplo, le mostraban a sujetos fichas de pacientes a los que se les daba o no un medicamento, con el que se curaban o no. Quienes creen en lo paranormal veían más claro que el fármaco funciona, aunque a la mitad de los pacientes no los curara o no lo hubieran tomado. “Prestan mucha más atención cuando coincide la causa y el efecto. No es que veas un fantasma, es que piensas muy rápido, que es una tendencia que tenemos todos”, explica Matute, de la Universidad de Deusto.

El patrón que mejor describe a estos sujetos es su forma de pensar, más intuitiva que analítica. Este aspecto estaría muy relacionado con el anterior, ya que despunta una tendencia a confiar en la primera impresión, en fiarse del instinto, en lugar de reposar las conclusiones con un pensamiento más analítico. Un estudio reciente mostró que quienes creen en la parapsicología tienden a estar más satisfechos con su vida que los escépticos. El autor de ese trabajo, David Gallo, explicó que es una diferencia que ya se había observado en investigaciones previas y que “podría indicar que procesar la información de manera más intuitiva tiene ventajas, quizá hace que la gente sea más feliz en general”.

Lo paranormal y la conspiración

Un aspecto interesante de este trabajo es su relación con el pensamiento conspirativo, que ha provocado ya incluso episodios de violencia política, y al que podría ayudar a enmarcar mejor, al menos desde el punto de vista cognitivo. “Las creencias conspirativas se asocian de manera similar con una mayor percepción de patrones ilusorios, una menor necesidad de reflexión cognitiva y sesgos contra la evidencia confirmatoria y no confirmatoria”, escriben en el estudio.

“Lo que tienen en común”, explica Martínez-Conde, “las teorías de la conspiración y los fenómenos paranormales es que nos falla la evidencia objetiva para sostenerlos”. “Además, surgen de una experiencia que es más emocional que intelectual. Entonces, si emocionalmente una persona está convencida de que esto es así, va a ser muy difícil que cambie de opinión, incluso con evidencia objetiva, y se convierte en una cuestión de fe”, añade la directora del laboratorio de Neurociencia Integrada de la Universidad del Estado de Nueva York.

En el estudio actual, muchos factores que se han querido asociar con el pensamiento paranormal quedan o desmentidos o en entredicho, porque la relación es negativa, contradictoria o endeble. Por ejemplo, ni los resultados académicos, ni el pensamiento crítico, ni la inteligencia, ni la memoria (que podría estar en el origen de distorsiones y sesgos) explican la creencia en estos fenómenos. Los autores lamentan que no exista un marco teórico que permita describir el mosaico de pequeñas explicaciones que proporciona su revisión.

Matute coincide en que “todavía queda mucho por hacer”. “Muchos estamos estudiando creencias paranormales, pseudomedicinas, posverdad, bulos. Son muchas cosas relacionadas y que hasta ahora se han estudiado de manera muy separada. A lo mejor es verdad que hay que coger el toro por los cuernos y unificar toda esta información: es absolutamente necesario profundizar en todo esto”, defiende.

Javier Salas, Periodista con quince años de experiencia. Especializado en información científica, tecnológica y medioambiental, desde 2014 forma parte del equipo de MATERIA, la sección de ciencia de EL PAÍS. En 2021 recibió el Premio Ortega y Gasset por uno de sus trabajos sobre la pandemia de covid. Antes, trabajó en Informativos Telecinco y el diario Público.

El País. 4.5.2022.

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